Sueños

Septiembre 28, 2007 at 12:59 am (Historias)

Esta es algo nueva, no me acaba de convencer pero por petición la cuelgo.

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La luz del día acariciaba su cara con ligera agresividad. Llevaba horas caminando en aquel mundo tan familiar y a la vez tan desconocido y apenas había parado para descansar. Las muestras de fatiga eran mucho más que evidentes y sus jadeos deleitaban a un mudo paisaje, que por momentos parecía alimentarse del cansado viandante.

Le rodeaba una ciudad aparentemente muerta, aunque desierta sería el adjetivo más acertado. El anónimo turista intentaba quedarse con cada detalle, aún tenía la falsa esperanza de despertar de aquel traumático sueño. Sin embargo, a cada segundo que pasaba su ansiedad iba en aumento, lo que hacía a su lógica idea desvanecerse por momentos.

La calle por la que pasaba tenía: un aspecto centenario y una deidad protectora, el abandono. Las casas eran pequeños chalets adosados, muchos de ellos resquebrajados por el tiempo. Estaban decorados con una débil pintura azul que en muchas de ellas era imposible distinguir, en parte por las enredaderas en parte por el deterioro. La calle que otrora estuviera asfaltada ahora era un camino invadido por las hierbas. Pero aquellas hierbas tenían algo de especial, estaban pisadas o aplastadas y el hábito no es una costumbre que suelan tener los animales…

El Desconocido se aflojó dos botones de su camisa ya que el calor y la humedad eran extremadamente sofocantes , le dolían los pies de tanto andar, y su mente rondaba un laberinto de dudas atestado de minotauros. El joven recordaba vivir en una apacible ciudad, estaba inmerso en un atasco y entonces calló en un sueño abisal. Intentaba recordar su última imagen pero todo era confuso, suponía que aquel lugar era una recóndita estancia en su cabeza, un sueño amargo provocado por la intensa actividad que había estado llevando a cabo a lo largo de días.

Trabajaba como mercenario, no importaba el país, tan solo el sueldo, el mejor postor se llevaba sus servicios. Recababa información sobre sujetos, individuos que de alguna manera intrigaban a la nación firmante. El era un contacto, un método de información que sin duda alguna se había convertido en una moneda de cambio para altos dignatarios. Su último trabajo había sido el de seguir a una mujer que de algún modo estaba implicada o estría implicada en un pequeño escándalo a nivel estatal.

Una foto, era todo lo que se le había caído a un despistado turista que no sabía bien como ir al centro histórico. No distaba mucho del resto de individuos a los que investigaba, sin embargo, el circulo de conocidos con los que se codeaba parecían no tener datos sobre ella. Cuando preguntaba por su historial, tan solo había una ficha escolar y un documento sobre un trabajo humanitario de su adolescencia, fotografía gracias a la cual pudo acceder hasta su entorno cercano. La intuición del Detective le decía que aquella mujer no era el pez disidente que le habían descrito. Debido a su fracaso indagando en su basura decidió pasar a la acción y seguirla. Durante 1 semana se había convertido en un noctámbulo, y se había hecho con su rutina casi por completo. Sabía que trabajaba por las mañanas que comía a medio día en un restaurante barato y que de 7 de la tarde a 9 de la tarde desaparecía tras la puerta de un almacén abandonado. El resto de su vida era aparentemente normal. Sin embargo, cuanto más intentaba averiguar menos sabia sobre ella… Ante su desconcierto aumentaba el afán que ponía en la investigación. Pero el mismo día, que iba a conseguir un puñado de micrófonos y unas cámaras para pasar a una acción evasiva, despertó en aquel mundo…

Cada vez estaba más convencido de que tenía que existir un vínculo entre la mujer y la razón por la que su sueño se pareciese demasiado a la realidad que hasta ahora conocía.

Sumido en estos pensamientos, siguió avanzando por aquella barriada residencial mientras el día comenzaba a despuntar. Y el bello atardecer acarició con sus rojos brazos los techos de las casas más lejanas que refulgían intensamente en su último lamento de luz.

El hombre comenzaba a tener hambre y la ausencia de seres humanos lejos de alegrarle le desconcertaba. El sol ya había desaparecido y pronto sería de noche, había entrado en una zona de comercios y calles anchas, y en vista de la poca afluencia de personas cada vez fue cobrando más fuerza la idea de romper una luna y “abastecerse”. Sin embargo, carecía de herramientas con las que poder romper un cristal sin que no hubiera probabilidad de herirse. Los coches eran otros ausentes en aquel lugar, lo cual lejos de hacer su estancia, más aciaga la dificultó, ya que con uno de ellos podría haber entrado perfectamente en cualquier comercio. En sus tiempos jóvenes un vecino le había enseñado como hacer un puente, hecho que en sus años posteriores le pudo ayudar en su interminable lucha por esquivar a la muerte.

Cuando la oscuridad lo cubrió todo por completo y ni la luna ni las estrellas iluminaron el cielo, la sensación de fobia se acrecentó de tal manera que comenzó a caminar rápidamente hacia un portal. Cuando llegó a él, presa de su pánico sacó su navaja, ya que no pudo encontrar por ninguna parte su pistola, y sin dilaciones comenzó a correr por un callejón cuya entrada estaba justo al lado del portal. El miedo se había apoderado de él y ahora corría convencido de que le observaban. Atenazado por el miedo no logró vislumbrar un escalón que se encontraba en su trayectoria y sintiendo una poderosísima fuerza se fue directo al suelo golpeándose la cabeza levemente. El golpe lo aturdió lo suficiente como para que aflojase la firme presión con la que sostenía su arma y esta huyó despavorida en la oscuridad.

A duras penas logró incorporarse, fue en ese momento cuando el detective por primera vez en todo el día quedó paralizado. Al final del callejón había un resplandor, seguramente la luz de la ventana de algún piso cercano, de todos modos y a pesar de la alegría de haber encontrado alguna muestra de vida y aun a pesar de que fuera probable que aquello fuese un sueño, la experiencia le susurraba cautela.

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